unir los puntos
o recortar por la línea
alejandro gil
La relación entre A y B se establece a partir de la distancia
que les une. En un primer momento les unió una empinada pendiente.
Minutos después se cruzaron exhaustos en un pasillo. B estaba
triste. A andaba perdido. Desde ese momento un nexo imperceptible les
unió a distancia. Pulsiones. Construida en gran parte por etapas
de silencio (el mes de enero se quedan mudos), la relación entre
A y B es balompédica: los dos juegan de defensas centrales y
en sus encuentros, físicos, virtuales o mentales, se dedican
a tirar balones fuera y recoger trastos, decenas, cientos de trastos.
Uno más pasional, la otra más cerebral. En su primera
cita los echaron de un bar, simpáticamente. B, que estuvo a
punto de bajarse de un tren hasta en tres ocasiones, gusta de pasear
en Vespa sentada detrás, sentada de lado. Cada año pasan
juntos parte de sus vacaciones. Todo iba bien hasta que un sábado
por la tarde ella se sorprendió llorando, a moco tendido, en
una cama de exposición de un Ikea. Allí acabó casi
todo. Meses después el problema de la distancia recorrida por
dos trenes que salen de puntos diferentes hasta encontrarse se resolvió.
No les separaban ni cincuenta centímetros, pero aunque sus manos
podían tocarse les separaban diecisiete mil tres veinticuatro
metros de cable eléctrico. Pinchaban. Tensión. A nunca
pudo ojear la biblioteca de B. Este año tienen pensado pasar
sus vacaciones en la Costa Brava rodeados de niños y ese griterío
propio de las playas que pertenecen a las familias. La relación
entre A y B se establece a partir de la distancia que les separa. A
y B se siguen subrayando mutuamente.