mi hijo problemático
Albert Hofmann (extracto)
Era una mañana
de mayo. Ya no recuerdo el año, pero aún
puedo indicar exactamente en qué sitio del camino
del bosque del monte Martin al norte de Baden (Suiza) se
produjo. Paseaba yo por el bosque reverdecido, y el sol
de la mañana se filtraba por entre las copas de
los árboles. Los pájaros llenaban el aire
con sus cantos. De pronto, todo se apareció en una
luz desacostumbradamente clara. ¿Era que jamás
había mirado bien, y estaba viendo sólo ahora
el bosque primaveral tal como era en realidad? El paisaje
resplandecía con una belleza que llegaba al alma
de un modo muy particular, elocuente, como si quisiera
incluirme en su hermosura. Me Atravesó una indescriptible
sensación de felicidad, pertenencia y dichosa seguridad.
[...] En
mi niñez tuve posteriormente algunas más
de tales experiencias felices durante mis caminatas por
bosques y praderas. Ellas fueron las que determinaron
mi concepto del mundo en sus rasgos fundamentales, al darme
la certeza de que existe una realidad oculta a la mirada
cotidiana, insondable y llena de vida. En aquel tiempo
me preguntaba a menudo si tal vez más adelante,
cuando fuera un adulto, sería capaz de transmitirles
estas experiencias a otras personas, y si podría
representar lo observado como poeta o como pintor. Pero
no sentía vocación por la poesía
o la pintura, y por tanto me parecía que acabaría
guardando aquellas experiencias que tanto habían
significado para mí.